Para empezar, es importante pensar en las instituciones educativas
como unas comunidades de práctica que, según Wenger (2001),
trabajan en equipo como empresas y donde sus participantes se ayudan
entre sí y delegan funciones. Además, dichas empresas velan porque
su comunidad de integrantes se colaboren mutuamente y durante su
práctica, negocien entre sí las mejores opciones para el buen
desarrollo de la misma (Sheridan
Muñoz, 2008). Es decir que directivas,
profesores, padres y estudiantes se encuentran alineados con las
políticas de la institución, trabajando colaborativamente.
Dado que como lo plantea Vygotsky el aprendizaje se ve influenciado
por la cultura y las relaciones sociales de la persona (Fernández
Cárdenas, 2009), estas comunidades de práctica
se valen de herramientas y recursos de las tecnologías de la
información y la comunicación (TIC) como la web para el diseño de
recursos educativos (Gértrudix
Barrio, et al., 2007) acordes a las necesidades que plantea esta
sociedad de la información (SI). Los currículos se transforman en
función de estas necesidades, tanto que la educación se transforma.
Esta evolución pedagógica le plantea nuevos retos a los docentes
en cuanto a la adquisición de destrezas y habilidades en el uso de
estas nuevas herramientas tecnológicas.
Gracias
a esta incursión de las TIC en la educación, se requiere también
de una alfabetización digital en la que se enseñe a los aprendices
a leer y a producir contenidos en línea, con cualidades hipermedia
es decir, multimodales (Fernández Cárdenas, 2009). Pero estas
competencias también le atañen al docente, y su conocimiento de las
mismas favorecerá el diseño de actividades pedagógicas acordes a
las exigencias comunicativas de esta sociedad.
Por
otra parte, la incursión de la Internet revolucionó la forma en que
se consume la información. Este espacio abierto y libre no se
constituye solamente como una tecnología sino que es “una
producción cultural” (Castells, 2002, p.8). El hecho de que el
usuario pueda consultar datos actualizados instantáneamente y de que
pueda comunicarse y generar espacios de interacción con ciudadanos
de todo el mundo, es lo que la convierte en una herramienta
sociocultural. Esta cualidad, en el ámbito de la educación, le
ofrece herramientas al discente de colaboración en línea como
wikis, blogs, foros de discusión, chats, entre otras opciones, que
le permiten desempeñarse como participante de su comunidad de
práctica.
Para
concluir, así como lo plantea Vygotsky cuando afirma que el
aprendizaje no es una construcción individual (Fernández Cárdenas,
2009), desde esta perspectiva las escuelas
estructurarán sus currículos para que la interacción sociocultural
sea mediada por la tecnología de punta y así, se promueva el
aprendizaje significativo.
Referencias
Castells, M. (2002, July). La dimensión cultural de Internet.
Retrieved from
http://212.170.166.212/mochila/didactica/Castells_dimension_cultural_internet.pdf
Fernández Cárdenas, J. M. (2009). Aprendiendo a escribir juntos
(1a ed.). México: CRNU y UANL.
Gértrudix Barrio, M., Álvarez
García, S., Galisteo del Valle, A., Gálvez de la Cuesta, M. del C.,
& Gértrudix Barrio, F. (2007). Acciones de diseño y desarrollo
de objetos educativos digitales: programas institucionales. Revista
de Universidad y Sociedad del Conocimiento,
Vol. 4(No1).
Retrieved from
http://www.uoc.edu/rusc/4/1/dt/esp/gertrudix_alvarez_galisteo_galvez.pdf
Sheridan Muñoz, A. (2008).
Escenarios virtuales y comunidades de práctica. La
participación docente en la Red de Escuelas Asociadas a la UNESCO
(Primera.). Comité Regional Norte de Cooperación con la UNESCO.
Wenger, E. (2001). Comunidades
de práctica: aprendizaje, significado e identidad
(Primera.). Paidós.